"Aún así, insistió. Miró una y otra vez hacia la calle, probando sin éxito a sentirse feliz rodeado de rascacielos, hasta que comprendió que era absurdo estar comportándose como ciertas personas de las que hablaba Proust: "... lo mismo que esas personas que salen de viaje para ver con sus propios ojos una ciudad deseada, imaginándose que en una cosa real se puede saborear el encanto de lo soñado".
Dublinesca. Enrique Vila-Matas.

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